Grandes Exitos

sucio putañero, me vengaré

Posted in absurdo, anecdotas, bitacora de vida, confesiones, desahogo, observaciones, ocio by Alfredo on 28 julio, 2012

 

quise dar un paso, de esos que sabemos que son necesarios pero que no conocemos el resultado. Una variación en lo lineal de algunas existencias: esos riesgos que porque son dicen sabemos que hay que enfrentarlos. Dudando, con hambre, fatigado, con un animo que no soporta nada, fui. Hacia frio ese dia, ya noche, invierno, gente, parejas que caminaban por el lugar; en la plaza un espectaculo, una banda tocando covers; la mano al bolsillo para sacar el cigarro mientras esperaba algo que no sabia qué, pero que inmediatamente intuiría. Hacia frio y calculé mal algunas cosas (como dejar estacionado el auto hasta cierta hora, pensamiento que invadió todo el momento), esperando alguna señal. No ingresaría al recinto: me propuse adivinar y acerté.

creiamos que cambiar podia aliviar un poco el tedio, pero nos dimos cuenta de que el tedio es por cualquier razon menos por el tedio o por las rutinas. No intuimos en ese momento que el aburrimiento con que mirabamos las cosas era porque somos de esa forma y no por la necesidad de cambiar. Cuando la negativa, despues de casi 50 minutos, surgió, comprendimos que algunas cosas son desperfectos, que aunque los demas quieran arreglar, no se pueden arreglar y seguiran asi hasta el final de los tiempos. Pensamos en ese momento detener el tiempo, con algo de tristeza: era una prueba irrefutable, si no resultaba confirmabamos la hipotesis de que el cambio no soluciona; si resultaba, habia alguna esperanza. encontrarse en medio de personas y preguntarnos qué hacemos ahi porque la personas que necesitamos no esta ni recuerda en lo mas minimo alguna conexion pasada implicó que la batería se descargó. nos miramos y dijimos al mismo tiempo que las expectativas no sirven solamente arruinan algo que no podria ser malo.

recuerdo que solia fumar mucho en diversas situaciones.

recuerdo que caminamos juntos. recuerdo que tambien compartimos unos hielos y me rei mucho. recuerdo su primer vestido en publico (en ese lugar) y un almuerzo furtivo, tenso, incomodo.

deje de escribirle porque creiamos que con el paso del tiempo debia diluirse los recuerdos. No resultó. No resultó. Por lo menos para nosotros. Imagino que en las mañanas salia al jardin a ver si alguna carta habia dejado botada el destino, pero hubo de llegar el dia en que dejó de buscar las cartas… como cuando dejas de pensar en lo que alguna vez te molestó.

tenia los ojos rojos. no sé si de cansancio o por haber fumado un porro. Intuyo ambas, pero me inclino por el cansancio. Me preguntó (lo primero) por mi ocupacion. Y no me importó decir que no tengo. era verdad.

no teniamos ganas, no teniamos entusiasmo, no teniamos ganas de vivir, no teniamos ganas de conocer mas con el pensamiento insistente de mirar incesantemente el reloj. mirar el reloj, no sostuvimos la mirada, no nos pusimos de acuerdo: a veces querias mirar y simpatizar, otras me dejabas solo y no sabia que hacer. Llegamos con hambre y, como a las 2 de la madrugada calentamos algo de arroz de ayer y cominos desesperadamente para calmar la fatiga. Estuvimos temprano. Todos se fueron temprano.

todo me sonaba a pura jerga extranjera.

no se puede cambiar, me digo. ya es tarde.

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