Grandes Exitos

Y si quiero, nena, puedo fumar crack y ser isidoro

Posted in General by Alfredo on 2 agosto, 2011

Es curioso que algunos no sepamos distinguir las lealtades y los limites. Quizás eso le envidio a los psicópatas, que no sientan culpa por ningún acto cometido. Hacen lo que quieren, lo hacen bien y viven felices. Los normales, por otra parte, vivimos preguntandonos cosas, buscando explicaciones, tratando de entender algo que sabemos es imposible de entender. Las cosas siempre son de la misma forma y concuerdo con la frase que dice que mejor hay cosas que no se deben contar, no debemos saber. A veces por circunstancias inexplicables sabemos de eventos que no son tan trágicos ni penosos, pero que seria mejor no conocer. Al conocer, empezamos a comprender y confirmamos que es mejor estar aislado, tranquilos, e imperturbados.

Estuve en la gran capital. Ciudad que me gusta mucho, que idealizo y que imagino tiene en rincones comunes u ocultos personas decentes, interesantes. Cuando caminaba miraba intereses, miraba gustos, miraba distancia. Como buen occidental, me sumergí y pretendí que esos días traerían calma. El problema siempre será la comparación. Siempre.

El debate esta en pensar -a estos años de mi edad- que puede ser lo mejor que sucederá. Voy a ser tío, tengo estabilidad, rutinas laborales, algunos espacios y otros temores. No se si será felicidad pero no puedo encajar. Como que no encuentro a los míos, y nunca será así: la adultez es una sucesión de responsabilidades que hay que cumplir, como la vulgar imagen de un sujeto en un escritorio sombrío que timbra papeles ad infinitum. Ya el segundo semestre avanza y… no hay certezas. Decir que todo es mentira es falso, que podemos escribir muchas mentiras disfrazadas de verdades, de anécdotas. Lo único que he visto es que siempre los dados ya están tirados: y hay que acomodarse con pocas opciones.

Como el devenir de sisifo.

Cada día que pasa no lo alcanzo a ver. Veo a los otros, a los que me rodean. Y tengo una certeza: a fin de año estoy seguro que no seguirán conmigo. Esa idea nos conduce -creo- a plantearnos una serie de preguntas que no tienen respuestas porque no puedo afirmar, sino tan solo intuir.

Realizamos malas elecciones. Antigüedad constituye grado. Habrá que intensionar las cosas, ya la espontaneidad no sirve; ser espectador no es malo, salvo cuando nos exigen participar. Quiero ser espectador. Espectador de que?

Descubrí cosas que no quería saber. O mas bien no debía saber.

Seré como el eternauta, con esas mirada de quien lo ha visto todo?

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